Enrique Machado

Arquetipos en el sueño de los elementos                                                                            

 

“El agua es la señora del lenguaje fluido, del lenguaje sin choques, del lenguaje continuo, continuado, del lenguaje que aligera el ritmo, que da una materia uniforme a ritmos diferentes”.

 

 

Gaston Bachelard, El agua y los sueños,1942.

 

 

El arte es una experiencia creativa que fusiona la alquimia de la ciencia y la travesía metafórica del arte. Uno de los arquetipos de Jung en la mitología es el artista-científico, un proceso único de exploración a partir de la mente humana. Dentro de este enfoque experimental se ubica la obra de Enrique Machado, un artista contemporáneo emergente, que coloca su obra imaginaria entre las coordenadas de Miami. Una ciudad global constituida por un archipiélago de nacionalidades y culturas que la convierten en un entorno urbano único que evidencia con intensidad y de manera inevitable las relaciones globales propias de una ciudad transnacional y sus intercambios culturales con sus realidades locales de una amplia gama geográfica.

 

 

La silicona es un compuesto sintético, inerte, con polímeros, que junto con el carbono, el hidrógeno y el oxígeno constituye un componente siempre presente en la vida cotidiana, sin efectos nocivos en los organismos o en el medio ambiente. Allí se ubica el territorio experimental expresivo de Enrique, la alquimia (ciencia), los materiales universales actuales (silicona) y la narrativa visual del arte contemporáneo (pintura)

 

 

Enrique, es originariamente escultor, egresado de la prestigiosa New World of the Arts (Escuela de Arte del Nuevo Mundo) en Miami, FL, quien decide cruzar el complejo umbral de la pintura. Una mente creativa que está constantemente pensando en las posibilidades de las tres dimensiones. Sus pinturas marcadas por la huella, la textura y el tacto de la silicona, en cada obra pareciera seguir un plan, donde toda su acción artística con sus tubos de silicona y la dilución de tintes, sugiere un descenso desde su universo de conceptos, su entorno y su existencia cotidiana para así trazar territorios definidos por fluidos, revueltos e intensos dentro del espacio de cada pintura.

 

 

Estos territorios creados por sus rastros de silicona, sus formas y patrones de color, poseen su propia historia y vitalidad, su magnetismo personal, capaz de poner al espectador más allá de los límites de la lógica funcional. Las pinturas de Enrique no responden a cualquier tipo de autonomía predecible y anunciada. El espacio conquistado en cada pintura toma la forma de una propuesta de métodos expresivos, invasivos y de sensaciones en movimiento, de fluidos continuos y encontrados. Cada una de sus obras posee un recorrido y trayectoria irrepetible aun en su similitud y en un singular balance entre la serenidad y la turbulencia. Contradicción propia del viento, el agua y los sentimientos humanos. El patrón de la espiral y el laberinto [símbolos ancestrales de significado mitológico y religioso] presente en muchas de sus pinturas permiten llevar el valor temporal de los símbolos en su narrativa visual. Tal es el caso de la pintura "Tunnel Wave # 2."

 

 

Su obra es una confrontación dialéctica en el mundo de los supuestos virtuales y el atractivo físico de las cosas. Y en este sentido el artista expresa; "Trato de comunicar el lenguaje del caos y la simplicidad

 

equilibrada explorando a través del movimiento presente en el océano, las olas y el agua. Yo formo texturas que exudan las fuerzas enfrentadas. Una metáfora para el cambio constante y sus batallas. Los temas de la persistencia, el poder, lo abrumador, el ahogamiento, y la destrucción se exageran con los grumos controlados y las pilas superpuestas sobre los patrones de goteo de la silicona”

 

 

Enrique convierte la silicona en la huella y patrón central de su obra, el elemento esencial a través del cual logra que el espectador pierda la medida de la dimensión y la escala. Siempre en una constante formulación meticulosa revisa el principio de composición y orden que entrelazan forma, textura y color, en superficies extensas, o en murales urbanos ambientales que desbordan la sensación liquida y de movimiento que imprime a sus obras.

 

 

Otros artistas se han acercado a las cualidades de la silicona como base para su trabajo. Tales como el escultor londinense Ron Mueck o Sam Jinks un artista visual de Australia, ambos desde un enfoque conceptual hiperrealista. Cosmo Wenman por otra parte se ubica en la corriente de reproducir fragmentos de la historia del arte combinado con sus propuestas contemporáneas; y Daniel Widrig, un artista cuyo estudio se ubica en la ciudad de Londres, se aproxima en direcciones similares a las de Enrique, donde la escultura, las expresiones cuasi-cartográficas, el diseño, la arquitectura y el ambiente parecen ser campos de exploración relacionados.

 

 

Su punto de partida desde un material en particular como herramienta expresiva no es tarea fácil, es una decisión arriesgada, pero también representa una cuestión de identidad. La decisión del artista de trabajar la silicona si bien representa una aproximación experimental, es sin lugar a dudas una experiencia desafiante y gratificante, cuyo mayor riesgo es que se convierta en una herramienta de expresión reiterativa y un callejón sin salida. Sin embargo, el carácter investigativo del artista bien puede llevarlo más allá del filo del riesgo hacia propuestas refrescantes. Y es que ello tiene sus raíces en su enfoque de la vida, su contexto cotidiano y su marco conceptual, como él mismo afirma; "Mi trabajo es sobre la organización y el control de los materiales. Mi objetivo es seguir explorando las características estéticas de estos materiales y para comunicar un nuevo concepto de arte con texturas, expresar el movimiento y los ricos patrones visuales en el estudio del agua y su ritmo”.

 

 

En estos tiempos de la pos-contemporaneidad escribir sobre arte se hace cada vez más complejo, un riesgo. Donde cuestiones de identidad cultural, tendencias artísticas de giro rápido, las migraciones, las influencias transnacionales del arte, la preocupación en el equilibrio de la relación entre lo local / global y nuestra creciente conciencia de un entorno social interconectado en red, [donde lo visual sufre de saturación e hiper-produccion] son sólo algunas de las cuestiones del medio en el que los mapas del arte contemporáneo se van dibujando y transformando a velocidad abismal.

 

 

Desacelerar y llegar a comprender el artista, su obra y sus valores culturales se hace complejo. Escribir acerca de un artista emergente es mucho más complicado aún ya que el cuerpo extendido de su trabajo y obra y su integridad expresiva están por establecerse. Donde aún el artista es a plenitud parte de un proceso continuo, un viaje hacia el futuro en el que sus consecuencias a largo plazo está por desarrollarse.

 

 

En el caso de Enrique Machado, su arte es parte de un proceso de experimentación en curso. Su estudio, un laboratorio creativo, en el que la investigación de materiales, texturas, el color y la búsqueda de una expresión equilibrada son vitales para su contexto de vida. Donde el agua, la luz, la comunicación humana y el flujo orgánico dentro de los segmentos de la materia que él crea, son eje central de su pensamiento y vida. Su serie de pinturas Red Crash es un ejemplo.

 

 

El talento, la educación del talento y la capacidad de comunicación, es una forma de definir el carácter de un verdadero artista. Machado ha pasado por el camino de la educación de su talento artístico a través de una formación integral. Comenzó en el South Miami Middle School (Escuela Magnet de Arte), continuo en la prestigiosa DASH de Miami (High School de Diseño y Arquitectura), para graduarse en la famosa New World School of the Arts (Escuela de las Artes Nuevo Mundo en Miami) en 2004; posteriormente le es otorgada una beca para estudiar en el Instituto de Arte de Kansas City.

 

 

Su aproximación a la comunicación a través del arte, implica que el artista es quien produce conocimiento y narrativas a través de su obra, impulsado por los cambios constantes en el contexto de las interacciones sociales y culturales. Su percepción de la historia del arte como una herramienta de referencia existencial esencial, le permite estudiar un Van Gogh y un Jeff Koons por ejemplo, en una relación simétrica de experiencias de profundos matices, y así como artista abordar con serenidad e intensidad expresiva la complejidad comunicativa de los tiempos en los cuales su obra transita. Enrique trata de aprender de la historia en paralelo con el mundo en que vive, un contexto de balances necesarios entre lo local y lo global.

 

 

Su estudio, los experimentos y la investigación que desarrolla partiendo de la silicona como un material esencial, son sus acciones artísticas vitales. Al dialogar con este joven artista acerca de sus aspiraciones y visiones de su obra, lo expresa afirmando que desea que su trabajo con la silicona de alguna manera no sea lo que todos los demás pintores han hecho antes que él. Un deseo similar al que expresaba un artista que décadas atrás abordo riesgos de superficies y materiales sobre la tela, el expresionista abstracto Jackson Pollock, Machado parece buscar el camino de un enfoque poco ortodoxo para crear obras a su juicio, no convencionales. Ese es su desafío.

 

 

En la visión apocalíptica del siglo XXI, los ambientalistas frenéticos nos alertan que la ciudad de Miami quedara sumergida bajo las aguas en un par de años, tragada por el océano Atlántico. Investigadores de las ciencias del medio ambiente algo más discretos, explican que los cambios están ocurriendo al igual que cualquier otra ciudad-puerto con vista al mar y Miami podría verse afectado por las alteraciones de las masas de agua. Así, en una década marcada por un exceso simplista de la información, un mundo de obsesión digital y por el espectáculo social narcisista, la metáfora de Enrique en Miami, sobre el agua, el movimiento, la abstracción y la imaginación hacen su presencia calmada, equilibrada a través de su obra, con sus series “Olas”, el “Crash Series” y su serie “Agua que Corre”.

 

Después de todo, Enrique Machado es Miami, es el agua, es el medio ambiente y la diversidad urbana, siempre indagando el centro de las cosas. Enrique es un creador visual en torno al ejercicio de la visión y el descubrimiento y la posibilidad de volver a mirar sin prisas, con calma, en paz, llevando a cabo todas las preguntas necesarias que sus metáforas visuales aporten a nuestros ojos. Sus pinturas energéticas y sutiles llaman a la reflexión, flexionándola hacia sus propias fuerzas.

 

 

Jorge Luis Gutierrez

Museologo/ Curador 

Julio 2014 © 

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